Hemos hablado en otras oportunidades sobre la imprecisión que tiene la expresión «volumen de juego». Todos los que seguimos habitualmente el fútbol tenemos una idea abstracta pero nunca formalmente definida sobre lo que representa este concepto. Esto resulta curioso ya que, sin embargo, suele ser una frase que escuchamos habitualmente dentro del ámbito deportivo, muchas veces utilizada en su forma negativa (como los clásicos comentarios que admiten «nos faltó volumen de juego»), lo cual pareciera indicar una mezcla entre la falta de tenencia de la pelota, profundidad, continuidad en los ataques y dominancia del partido.

Todavía lejos, pero en camino hacia una medición más concreta o al menos hacia una definición globalmente compartida sobre el término, el análisis reticular ofrece, en el cálculo de densidad, la posibilidad de medir la interconexión de un equipo, una de las «patas», pensando en generar un indicador que mida efectivamente el volumen de juego.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de «interconexión de equipo»? En este caso estamos hablando de una medida que marca el promedio de conexión entre jugadores a partir de la suma de la totalidad de pases que cada uno realiza / recibe  sobre el total de conexiones posibles que hay en un equipo. Como podemos ver en el siguiente gráfico, las medidas de interconexión suben a medida que el conjunto adquiere mayor protagonismo, y caen cuando la pelota pasa sólo por algunos jugadores (por ello desciende el promedio de conexiones posibles).

(*) Con D. Maradona como DT; (**) Con A. Basile como DT; (***) Grecia en la Euro’04.

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